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jueves, 9 de mayo de 2013

Tener tanto miedo de no encontrarse y tanta necesidad de perderse.
Querer salir de la tormenta para meterse en el centro del huracán.
Huir de los problemas para, simultáneamente, perseguirlos.
Todo y nada.
Siempre y nunca.
No lo entiendo y a la vez está todo tan claro...(de una forma muy oscura).
El deseo se mezcla con el odio en esta continua guerra entre la mente y el cuerpo.
Y todos sabemos que ninguno de los dos puede salir victorioso si no sucumben ambos primero.
F**ck

Coitadiña






No tenía remedio.
Se entretenía poniendo nombres a los rostros que se cruzaba por las calles, o con los que se topaba en los semaforos y que apenas contemplaba unos segundos. 
Y luego, se inventaba personalidades para aquellos nombres, concordes con cada aspecto. Una para cada cual, que buscaban ser precisas como si previamente hubiera tomado concienciadamente sus medidas y buscara vestirlos de gala con su descripción. 
Una vez formada cada personalidad, se enamoraba de ellos. Y claro, como no existían, siempre le rompían el corazón.
No tenía remedio.
Arrastrando los pies con el peso de un corazón destrozado en busca de nuevos golpes de inexistencia con los que poder soñar.
No tenía remedio.



Un descanso

Cansada de que me llamen loca, he parado a descansar a la sombra.
(me gusta el sol, para ponerme morena y retirar la palidez que cubre mi cara nueve meses de doce que dura un año, pero ¿Qué importará unas horas de descanso de lo superfluo? ¿O acaso somos más cuando estamos un poco más atractivos? No lo se. Entre pensamientos, me siento en una roca y golpeo las piedrecitas que inundan el camino, derrotada)
No puedo mirar hacia atrás sin que el color carmín inunde mis mejillas. Estoy cansada de negar lo que he sido y no aceptar quien soy en busca de algo mejor. Decir "si no me aceptan, que les den, al fin y al cabo soy así" sin poder mirar a nadie a la cara cuando pronuncio esa sarta de mentiras, porque no puedo evitar que se note que ni yo misma, que tanto digo que actúo, me creo mis propios convencimientos. <<Menuda mierda>> pienso. Porque lo es. Pero es mi mierda. MÍA. No debería sentirme avergonzada de ella. No debería sentirme juzgada por miles de acusadores ojos que simplemente se limitan a comentar lo que ven, lo que yo misma quiero mostrarles, lo que se supone que soy y que sé que solo parezco. Pero entonces ¿Qué soy? ¿Por qué no doy cogido un buen camino? Gracias a dios soy demasiado joven, digo. Pero no tanto como para seguir andando en círculos. Porque en esta roca, si mal no recuerdo, ya he parado a descansar. Bajo el mismo sol, con la misma brisa, a la misma hora... e incluso puede que el mismo día. 
Desempaqueto mi comida. Un sandwich mal preparado y envuelto en papel albal con prisas. De nada, prisas de dejar de hacer cosas para poder tumbarme en mi cama, o sentarme en una roca más y autocompadecerme o avergonzarme. Hacerme la misma pregunta de siempre, con la misma postura, en las mismas circunstancias.
Dejad de llamarme loca, me apetece gritar. Dejad de llamarme rara. Dejad de juzgarme, de señalarme, de tratarme como si no tuviera mente, como si no estuviera atada de la misma forma que vosotros, a una vida que no he elegido, me apetece gritar. Pero ¿A quién realmente? ¿Al resto del mundo o a mis propios pensamientos?
No lo sé, y lo cierto es que no hago ningún esfuerzo en averiguarlo a veces.
Queredme, por favor, quiero decirles, Queredme.
Entonces hecha un ovillo, comienzo a olvidar de nuevo. En breves me arrepentiré de arrepentirme y no recordaré mi malestar. Porque no vale la pena sufrir cuando uno ya no está mal, de la misma forma que no es productivo reir cuando uno tiene ganas de estar triste ¿no?
Es un descanso más, de muchos, porque cada vez me cuesta más seguir caminando. Y sé que no será el último, pero también sé que llegaré a la meta (porque no hay otra) y que haré todo lo posible por comprender cómo se disfruta del camino, haya o no libro de instrucciones.
Atentamente de todos, y de nadie.
La misma loca de siempre
(por favor, llamadme cuerda)